

Iba a fundir chocolate para una tarta casera...sí, lo sé, suena a madre-perfecta-homemader...no nos engañemos, no es el caso (en mi casa, hacer una tarta o un bizcocho es algo requetexcepcional) . La cuestión es que para ello necesitaba un delantal, y fuí incapaz de encontrar uno entre las torres de cajas que nos quedan por abrir, pero, camuflado en una pila de paños de cocina, sacaba la nariz este tesorito de cuadros verdes. Me lo regaló mi madre hace un par o tres de años (claro, es mi madre, y me ve el remalazo desde hace tiempo!) Pertenecía a mi abuela: l'àvia maria.
Está hecho a màquina, seguramnete con una
refrey verde de hierro que recuerdo haber visto de pequeña por casa de mis abuelos. Me fascinaba su lucecita y la sensación de que aquel aparato pesaba toneladas! Está confeccionado con mucho cuidado y lleno de detallitos perfectos. Los pespuntes son delicados y pulidos. Está adornado con una ristra de margaritas cosidas a mano una a una. La tela tiene un tacto muy blandito porqué ha ido perdiendo grosor a lo largo de lavados y lavados... Diós mío! Cómo se organizaban el tiempo las mujeres de antes para poderse permitir elaborar un delantal como si fuese una falda para una boda?!
Veo a mi abuela, allá por los sesenta, con su media melena ondulada, atareada en su cocina
verde-antiguo, preparando unos macarrones gratinados.
Con
Dottie Angel en la cabeza, le pedí a Rita que me tomara una foto. Aunque queda claro que yo no soy tan larga ni estilosa como Dottie, la foto no está nada mal, verdad? Solo tuve que enderezarla un poquito. Tengo mucha esperanza puesta en las posibilidades de tener una futura ayudanta ;)
